Opiniones

Los peligros de confiar nuestras costumbres a terceros

google-reader-logo¿Hay algún blog que no haya informado todavía del próximo cierre de Google Reader? Tras conocerse la noticia, prácticamente todos los medios digitales se han hecho eco de la noticia, incluso se han iniciado campañas para solicitar al fabricante que mantenga el servicio activo.

No preocupa demasiado el hecho de que una empresa decida cerrar uno de sus servicios, a pesar de su popularidad en la comunidad internacional. Tales maniobras responden a profundos estudios y estrategias analizadas detenidamente: cuando un producto o servicio no es rentable, toda empresa que desee mantenerse a flote tiene que tomar decisiones, a veces drásticas o en contra de la opinión pública.
Google, al igual que otras empresas de peso en Internet, no parece confiar demasiado en RSS como tecnología: su navegador Chrome ni siquiera cuenta con un lector básico de este tipo de fuentes.

El caso de Google Reader merece una reflexión. Millones de usuarios se conectan a Internet diariamente para usar sus servicios favoritos, dando por sentado que dichos servicios (tanto gratuitos como de pago) siempre estarán a disposición. Pero un fallo en los servidores, averías u otros inconvenientes nos dejan rápidamente sin ellos, desconectados de nuestros datos, a la espera que el fabricante solucione la incidencia y nos devuelva el acceso. O tal vez, como en el caso que nos ocupa, después de haber creado una costumbre en el usuario, el servicio sencillamente deja de existir, obligándonos a replantear su uso.

Varias fuentes han publicado mucha información sobre posibles alternativas a Google Reader: Feedly, NetVibes y hasta Digg tienen la oportunidad de hacerse con los millones de usuarios acostumbrados a usar a diario el agregador RSS de Google que desde el 1 de julio 2013 tendrán que migrar inevitablemente hacia otro servicio.

La cuestión es: ¿hay algún proveedor que pueda garantizar un uso “eterno” de sus servicios? La respuesta es no. La “eternidad” es un concepto abstracto cuando se refiere a servicios de Internet, por el avance imparable de la tecnología y los continuos cambios que enfrenta el sector. Además, cada empresa depende de recursos económicos para ofrecer o no un producto o servicio, agregando un componente más de inestabilidad a esta ecuación.

Tal vez, la solución pase por no depender de nadie en cuanto a determinados servicios. Una solución self-hosted parece ser más segura ante el cierre inesperado de una aplicación que usamos a diario y cuyo código no precise de actualizaciones constantes. Claro que no todos los usuarios podrán disponer de eso, por falta de conocimientos técnicos, por el costo que supone disponer de un hosting privado y por el tiempo requerido para mantener una infraestructura personal, por muy pequeña que sea.
Aún así, nos podemos imaginar las caras de los habituales de Google Reader al conocer la noticia de su cierre, comparándola con aquellos que no han confiado una costumbre diaria a terceros, ni siquiera a un gigante como Google.

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