No hace falta hablar del revuelo que se ha creado en las últimas semanas debido a la nueva regulación impuesta por el gobierno de cara a la descarga de contenidos. Practicamente todo el mundo ha hablado de este tema en blogs, periódicos, etc…
Eso sin contar las referencias al criterio de la SGAE y las réplicas por parte de usuarios y de asociaciones de todo tipo.
Los usuarios no aceptan que se pongan límites cuando se habla de compartir archivos, mientras que las instituciones no están de acuerdo en que se siga perdiendo dinero debido al uso incorrecto de material protegido por derechos de autor.
Por otra parte, crece el clamor popular de que el panorama musical ha cambiado y que el modelo de negocio vigente hasta ahora necesita cambiar definitivamente.

Por eso surge la cuestión que planteamos en el título. Surge tras conocer la siguiente noticia (en inglés): Jamendo busca vender su idea debido a la falta de fondos.

Jamendo es un servicio que propone descarga de música gratis y legal publicada bajo licencia Creative Commons. Los archivos permancen gratuitos para uso privado, mientras que para usos comerciales se pone a disposición una “tarifa plana” anual: dicha tarifa se comparte al 50% con los artistas que colaboran con el proyecto y permite amenizar cualquier local público con música variada sin pagar canones por derechos de autor.

A pesar de presentarse como una posible solución al tema de las descargas ilegales, parece ser que no ha conseguido posicionarse como tal. No se debe a problemas de infraestructura: los usuarios de Jamendo no se quejan de la falta de disponibilidad del servicio ni tampoco consideran una posible baja calidad de los contenidos.
Así que es inevitable la pregunta: ¿Qué quieren realmente los usuarios con respecto a la descarga de contenidos? ¿Es realmente posible solucionar un problema por el cual las alternativas están siendo rechazadas?
Todo apunta a que al usuario no le importa demasiado la licencia que se aplique a una canción, y los artistas reconocidos a nivel nacional o internacional no muestran deseos de apoyar alternativas válidas a las propuestas actualmente.

El problema permanece, y su solución parece estar muy lejos todavía.

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