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¿Es realmente provechoso el ritmo de actualización de los navegadores?

En la lucha sin cuartel hacia la conquista del mayor número de usuarios, los navegadores están experimentando constantes cambios. Dicha “guerra” acaba favoreciendo a los usuarios, ya que la competencia siempre fomenta el aumento de funciones en este tipo de programas. En los últimos años han mejorado considerablemente la seguridad y la rapidez en la navegación.

El problema es que las empresas se están dedicando a publicar mayores versiones en espacios muy cortos de tiempo: en unos meses pasamos de la versión 6 de Google Chrome a la primera beta de la versión 14. Lo mismo ocurre con Firefox: tras la reciente publicación de la versión 4, ya disponemos de la 5 en la web oficial del producto.

Así que, ¿es realmente provechoso el ritmo de actualizaciones impuesto por los fabricantes de navegadores?

Habitualmente, la publicación de nuevas versiones mayores implica cambios radicales en aspectos básicos de los programas: rediseño de interfaz de usuario, cambio en el motor de navegación, funciones escritas desde cero…
No se está viendo esto en las nuevas versiones de los navegadores.

Por ejemplo, el pasaje de la versión 13 a la 14 de Google Chrome no ha representado cambios sustanciales: el usuario ni siquiera podría distinguir la diferencia entre una versión y otra. El fabricante asegura haber mejorado la seguridad en el protocolo HTTPS y haber añadido una ventana nativa al instalar aplicaciones de la Chrome WebStore. Pero, ¿es justificado el cambio a una versión mayor para añadir estas pocas funciones o correcciones?

Mozilla también ha entrado en el juego: se propone publicar versiones mayores de Firefox cada seis semanas. El pasaje de la versión 3 a la 4 presentó grandes cambios en cuanto a interfaz y funciones, pero al instalar la versión 5, el usuario casi no puede percibir  ninguna diferencia. Evidentemente la velocidad ha aumentado gracias a la revisión de canvas, Javascript y soporte para HTML5, así como la corrección de bastantes fallos en el código, pero ¿justifica eso el pasaje a una versión mayor?

Lo cierto es que el ritmo acelerado de desarrollo presenta el riesgo de confundir a los usuarios, casi incapaces de detectar los cambios. También penaliza a los desarrolladores de plugins, ya que el continuo cambio supone en ocasiones reescribir el código de sus aplicaciones y favorecer la incompatibilidad entre versiones.

Google Chrome 6 vs. Maxthon 3

Fui un usuario de Maxthon cuando la versión 1.x empezó a circular por Internet, aunque fui abandonando poco a poco aquel navegador tras comprobar las claras ventajas de Firefox.
En la búsqueda del navegador perfecto, quise probar la última versión disponible de Maxthon y compararla con mi actual navegador favorito, Google Chrome.

Para esta breve comparación, he escogido 2 versiones de desarrollo: Google Chrome con la 6.0.495.0 y Maxthon con la 3.0.15.300.

En ambos productos, la gráfica ha sido reducida al mínimo, ya que lo que realmente importa es el contenido que el usuario está analizando, no las herramientas a disposición.
Maxthon ha rediseñado su interfaz con respecto a las 2 ediciones anteriores asemejándola a Chrome, añadiendo alguna diferencia en los botones de Atrás/Adelante. Un tercer botón central con el cual desplegar la lista de pestañas activas.

La velocidad de carga de ambos navegadores es excelente: en un par de segundos tenemos la ventana abierta y la página inicial cargada. Maxthon presenta 9 accesos directos en lugar de los 8 de Chrome.

Uno de los aspectos que marcan la diferencia es que el desarrollo de extensiones de Chrome es mucho más rápido que el de Maxthon, y la instalación y gestión de las mismas es mucho más simple para el usuario. En Maxthon, tenemos que acudir manualmente a un foro para poder acceder a las extensiones, y en ocasiones carecen de una descripción completa o de valoración de otros usuarios. Además, Chrome permite la sincronización automatizada de las mismas sin intervención del usuario.

Evidentemente, hay algunos aspectos en Chrome que necesitan mejoras. Por ejemplo, el gestor de contraseñas las almacena pero en ocasiones no las propone de forma automática. Este defecto (ausente en versiones anteriores del Dev Channel) puede ser bastante molesto, ya que en ocasiones tenemos que volver a teclear nombres de usuarios para poder acceder a ciertos servicios. En este apartado, Maxthon 3 trabaja correctamente.

Ambos navegadores permiten archivar historial de navegación y preferencias, accediendo previamente a una cuenta de usuario.
En el caso de Maxthon, la posibilidad de grabar nuestras preferencias de navegación y asociarlas a un usuario es algo de poca utilidad, debido a que los datos acumulados no sirven para acceder a ningún otro servicio. El fabricante establece un programa de puntos, acumulables por horas de navegación y estableciendo un ranking de usuarios, algo de dudosa utilidad.
En el caso de Chrome, también dejamos un rastro de navegación (a excepción del uso con la modalidad en incógnito), pero tenemos un control más trasparente sobre nuestros datos accediendo a la Google Dashboard. Además, nuestra cuenta puede emplearse para acceder a un gran abanico de servicios online.

Aunque Maxthon está trabajando seriamente para ser un buen competidor en el mundo de los navegadores, no ofrece nada realmente nuevo. Tal vez un enfoque más “social” pudiera aumentar su difusión, aunque se toparía con otras alternativas muy válidas como Flock, cuyo motor ha pasado a ser el mismo de Chrome en la última beta.

Finalmente Maxthon ha quedado desinstalado de mi sistema: de momento me quedo con Chrome.

Iniciativas absurdas: “Save IE6″

Cuesta encontrar inciativas tan absurdas que nos hacen dudar de si son reales o bromas.

Encontramos una iniciativa para preservar nada menos que la versión 6 de Microsoft Internet Explorer. Tras el lanzamiento de la versión 8, los usuarios pueden comprobar por sus propia experiencia que Microsoft ha dado pasos significativos para acercarse a los estandares web, algo incluido en otros navegadores desde hace años. Evidentemente, el grave retraso supone a Microsoft una continua pérdida de usuarios hacia otros navegadores.

Sin embargo, en la página oficial de la iniciativa se nos intenta convencer de las “claras ventajas” de Internet Explorer 6, entre ellas: Alto nivel de seguridad (lo leo y no me lo creo), soporte para ActiveX, incompatibilidad para “estúpida transparencia de archivos PNG” y compatibilidad con departamentos de IT rehacios a los cambios.

Para no creerlo.

Página oficial (en inglés):
http://www.saveie6.com/

Guerra de navegadores

Todo el mundo ha oido hablar de la “guerra de navegadores”, una lucha que tiene como protagonistas los programas que nos permiten acceder a los contenidos de Internet.

En la imagen que se ha publicado se aprecia de forma visual el alcance de cada uno de los navegadores principales basado en las estadísticas de uso. Como se puede apreciar, desde el 2002 ha habido “caídos en combate” como Netscape o AOL, definitivamente descontinuados por sus respectivos fabricantes.

Se trata de una manera visual y divertida de conocer el estado actual de esta “guerra”.
(Hacer clic sobre la imagen para ampliar).